martes, 4 de diciembre de 2012

Atrapados

Normalmente la falta de libertad en otros países es algo que hace que la gente se rasgue las vestiduras defendiendo el libre albedrío y utilizando su propio país como ejemplo, hacemos eso especialmente en la cultura occidental, donde hemos desarrollado un nacionalismo curioso en el que todo el mundo está orgulloso de su país, pero nadie mira las cosas buenas de cualquier otro país o las malas del suyo propio.

En el sistema nos pasamos gran parte de la vida formándonos, normalmente en una profesión que elegimos libremente, ya sea porque nos gusta o porque asumimos que hay demanda de ese tipo de profesionales, lo cual nos permitirá ganar dinero y vivir holgadamente, y es aquí donde encuentro la pequeña incongruencia que tira por tierra el hecho de que vivimos en libertad.
Lo cierto es que elegimos una profesión, pero debemos estar condicionados a la hora de elegirla por la demanda existente, ya que somos libres para elegir la profesión, pero no somos libres para vivir sin dinero.
El dinero ha conseguido ser el grillete de la sociedad moderna, gracias a él la gente se dedica a trabajar, el trabajar ayuda a ganar dinero para hacer con él lo que quieras, pero aquí hay otra trampa, todo, absolutamente todo cuesta dinero. Cuando compras una casa la pagas, y asumiendo lo más improbable, que es que la hayas pagado de tus propios ahorros y sin acudir a hipotecas, es casa seguirá generando gastos que tendrás que asumir quieras o no, impuestos, agua, luz... porque no hay alternativas gratuitas para autobastecerte de agua o luz (a ver quien es el guapo que se monta un molino o un pozo en su casa en el centro). En definitiva, a pesar de la sensación de libertad que se puede llegar a tener, el dinero ha conseguido limitar los caminos a muy pocas opciones si quieres poder vivir dentro del sistema, las opciones son pasar por el aro o intentar vivir al margen, en cualquier caso, siempre quedará ser un gato.